Francisco José Aguiar

Estos monstruos de la razón

Nova

    Nova

Cae la tarde y me pongo a pensar en la lucha existente entre la religión y la ciencia. Por un lado están los que desdeñan la teoría evolucionista de Charles Darwin, por el otro, los amantes de la lógica pura, es decir, los que piensan que todo es matematizable. No entienden o no se dan cuenta que son dos aspectos de un mismo fenómeno y en cuanto a la supuesta irreconciabilidad debo enfatizar: sólo es una lucha de poder.
          Un dirigente religioso que en sus discursos censura a Darwin, a Aristóteles, a Einstein, es decir, a la ciencia. No debería usar teléfonos celulares, ni automóviles, ni el confort de una casa convenientemente amoblada. Un científico que en sus tratados censura al espíritu no debería enamorarse. Algo imposible pues hasta el científico más recalcitrante se enamora.
          A los cristianos les enseñan que sólo en la Biblia está la verdad; a los comunistas, que sólo en el Manifiesto de Marx está la verdad; a los científicos, que sólo en los logaritmos, sinusoides, triángulos y letras griegas está la verdad. ¿Se dan cuenta del jaleo que esto forma?
          Me gusta la historia maya de la creación. Los dioses aplicando el método científico de ensayo y error crean al hombre de maíz. Esta historia encierra una significativa enseñanza. El maíz es variado: hay negro, amarillo, blanco, anaranjado. ─ En él se encuentra la variedad de la vida ─. Si comprendemos esto; comprenderemos que nuestra herencia natural es ser diversos.
          Admiro a Charles Darwin por dos cosas, uno, porque amaba a la naturaleza como el que más, dos, porque expuso un gran postulado al hacer hincapié que todo va evolucionando y que desmonte o no el relato de la creación de la Biblia es lo de menos, lo demás es que su teoría da otra concepción del mundo.
          Simón Rodríguez pregonaba el “aprender a aprender” y tenía autoridad para pregonar esto pues la educación cuando es limitada nos limita. La educación cuando enseña sólo un modelo, no libera, todo lo contrario: esclaviza. Al parecer la educación venda los ojos, los venda de tal forma que constriñe toda posibilidad de luz.
          El concepto de universidad que vislumbraron los antiguos griegos se ha perdido. A las universidades tendríamos que llamarlas individualidades, ya que no enseñan a armonizar criterios. Enseñan muchas cosas, es cierto, pero bajo el enfoque de la competitividad y el individualismo.
No debemos oponernos a Jesús de Nazaret, a Gautama el Buda, a Zaratustra, a Lao – Tsé. Sus ideas confieren una visión transpersonal, visión que en la época del hombre cosificado podría ser la piedra angular del restablecimiento. Millones de personas tienen problemas existenciales como nunca antes, yo mismo los tengo, y si me refugio en el arte es porque nunca he olvidado esta línea de Sábato: “El arte es un don que repara el alma de los fracasos y sin sabores”.
Tomás de Aquino supo fusionar ciencia y religión. A pesar de ser católico recibió influencias de Aristóteles, (un griego), de Avicena, (un persa), de Averroes, (un árabe), y de otros polímatas. No en vano su frase más famosa dice: “Teme al hombre de un solo libro”.
El hombre no debe ser sólo científico: el sueño de la razón ─ como muestra el grabado de Francisco de Goya ─  produce monstruos, ni debe ser sólo creyente: la fe cuando vive sola genera fanáticos. . . debe ser científico y religioso a un tiempo. Científico en el sentido del que se vale de la inteligencia para crear bienestar y religioso en el sentido de aceptar los misterios.
Cae la tarde y mi espíritu se intranquiliza al pensar en la existencia de tan bella utopía.







El encanto de una tarde

Si debo elegir una tarde de las que compartí con quienes hacíamos vida en la UNELLEZ – San Carlos, elegiré la del viernes 28 de mayo de 2010. En esa época éramos estudiantes de 3er. semestre de Educación Mención Castellano y Literatura y en el Salón de Usos Múltiples fuimos participes del VII Festival Mundial de Poesía. 
Todo empezó a las 2:30 p.m. con unas dinámicas previstas para tan importante acontecimiento – una de ellas fue un ciclo de adivinanzas relacionadas con el libro –. Pasadas las dinámicas llegó al recinto el profesor Isaías Medina con los poetas Bill Herbert (Escocia) y Pablo Menacho (Panamá).  
Como buen anfitrión presentó a los invitados internacionales y de forma pedagógica refirió que el VII Festival Mundial de Poesía se pensó para celebrar el Bicentenario de nuestra Independencia y para homenajear al escritor santaluciano Derek Walcott  ̶  ganador del premio Nobel de Literatura (1992)  ̶  y con su afecto característico nos invitó a comenzar el recital que teníamos preparado.



De izquierda a derecha los poetas Pablo Menacho, Bill Herbert y Mermin Valiente. 


En dicho recital participó Deissy Silva, Kelbisarel Roman, Meralis Carrillo, Mermin Valiente y mi persona, pero fue el poeta Mermin Valiente quien deleitó a los presentes con un soneto de su autoría titulado “Es la vida”. Concluidas nuestras lecturas le obsequiamos a los presentes el libro del filósofo venezolano José Manuel Briceño Guerrero que se titula  La casa del verbo, varios de los números de la revista Memoralia y le cedimos la palabra a Pablo Menacho. 
Menacho habló de su trayectoria literaria y del amor que siente por el Canal de Panamá: amor que se dejó entrever en el poema titulado “La sola mar” y en varios de los poemas que describen magistralmente la provincia de Herrera. Luego comenzó una ronda de preguntas y respuestas relacionadas con la literatura panameña, sobre su mundo editorial y sobre las luchas que ha tenido que realizar por décadas esa nación para tener el control del Canal que sirve para la navegación interoceánica. 
Cuando llegó el turno de Bill Herbert la barrera del idioma se solventó gracias a una traductora joven y bonita llamada Argelia. . . el apellido de la traductora nunca lo supimos pues cuando iba a dar su apellido el profesor Isaías Medina dijo: “Ahora si es verdad que en esta universidad somos internacionales. . . tenemos a Escocia, a Panamá (con ademán cómico) y a Argelia”. 
Herbert leyó un poema extenso donde describió de forma detallada las colinas de su Dundee natal y reseñó su vida artística. Llegada la ocasión Jesús Alvizu le preguntó por William Wallace y por las luchas que ha librado el pueblo escocés para obtener su independencia y Sasha Moncada que si permitiría una compilación de sus textos con trovadores latinoamericanos. 
El invitado respondió sus inquietudes y habló de un poema sobre el bien y el mal que habitúa declamar en Escocia a modo de contrapunteo, (donde a veces hace del maligno y a veces del juglar que lleva la antorcha del bien) y quiso saber que si aquí existía un poema similar. 
Para satisfacer esa curiosidad, el profesor Isaías Medina hizo una disertación del afamado poema de Alberto Arvelo Torrealba que narra la gesta de Florentino y el Diablo de manera formidable. Cuando terminó dicha disertación el reloj marcaba las 5:00 p.m., esta hora anunciaba el fin del Festival en nuestra casa de estudio y sellaba para siempre el encanto de una tarde.  


Francisco José Aguiar 



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La magia de los espejos
(A Guillermo Meneses)


Un espejo es un artículo insustituible para alquimistas, espiritistas y adivinos, y como comprendo que ficción y realidad en la literatura se funden. . . me valdré de ello para abordar su magia con algunos clásicos. No en orden cronológico ni de relevancia, sino en el orden en que mi corazón los ha acunado.  


Ilustración de Daniel Nava

*Si pienso en un escudo – espejo, pienso en la silueta de Medusa inmersa en el metal bruñido, en una mano que se levanta empuñando una espada (la de Perseo), para decapitar al monstruo petrificador de hombres.
*Narciso es interesante no por su belleza, sino por el lago – espejo. Narciso tiene la utilidad de un tesoro sumergido. 
*Una ciudad – espejo como el Macondo de Aureliano Babilonia: muestra que toda ciudad puede desaparecer sin dejar rastros.
*Si tomo a colación un portal – espejo tomaré el de Alicia. . . no sin antes aclarar que no todos los portales son azogues: los hay traslucidos. 
*Las Crónicas de Indias están plagadas de algo que me gusta llamar oro – espejo. Los aborígenes le intercambiaban a los europeos oro constante y sonante por cristales azogados. Tal era su fascinación. 
*El utensilio – espejo es el más común pero no hay que restarle importancia. Existe en diferentes formas y lo encontramos en tocadores, lavamanos, automóviles, en fin, en muchos lugares y sirve para que rostros como el de Frankenstein, el de Quasimodo, el de Helena o el de Cleopatra se enfrenten a ese juez pero bajo diversos veredictos. 
Siempre me han obsesionado los espejos, quizá porque tengo la necesidad de reflejar lo que soy, y si he abordado estos clásicos no es para desentrañar sus misterios. Desentrañar misterios nunca me ha interesado. Prefiero vivirlos. 

Francisco José Aguiar
Ilustración de Daniel Nava



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Luciérnagas


El poeta romántico Víctor Hugo, en el célebre clásico que lleva por título Los miserables, es tajante al clasificar a la humanidad en luminosos y tenebrosos. Pero estas líneas (por razones obvias) se las dedico a los que como dignos hijos de Prometeo tienen el fuego sagrado e iluminan al mundo. 

Johann Carl Loth 
(Imagen aportada por el autor)



Uno de estos hijos era el filósofo Diógenes de Sinope, quien iba por su ciudad (a plena luz del día) con una lámpara buscando a los hombres honestos…otro de sus vástagos era nuestro Simón Rodríguez, quien cansado de tanta incomprensión instauró una fábrica de velas para, al menos de esa forma, seguir dando luz.
En el relato de Eduardo Galeano titulado El mundo, un hombre del pueblo de Neguá “dijo que somos un mar de fueguitos” y que hay fuegos que arden con tantas ganas que “quien se acerca, se enciende”. Esto – como lo constata la tradición oriental – ocurre cuando el discípulo encuentra al maestro.
Voy por estos pasajes con el candor que produce lo amado y con el ánimo de quien es feliz al recordar líneas que lo han hecho feliz. La vida es breve, lo que podemos aprehender es limitado. Hay quienes pretenden saberlo todo, como Fausto (el personaje esencial de la obra de Goethe), pero se equivocan de medio a medio. 
Sigo con lo amado y formulo esta pregunta: ¿cuántas páginas escribió el prolífico poeta barinés Orlando Araujo? Los eruditos lo saben. Yo recuerdo dos pensamientos de este autor, recuerdo  que  un amigo es el espejo donde tú eres él; que no hay que apagar esa luz ni fallarle en cualquier oscuridad y que “con la investigación histórica nos buscamos en la memoria de los otros”.
Las iluminaciones son como un relámpago y nosotros rasgamos o intentamos rasgar – como el Libertador Simón Bolívar – un instante las tinieblas, fulgurar apenas sobre el abismo… no importa que después nos perdamos en el vacío, y este ensayo, es producto de los fogonazos de las luciérnagas que admiro y que deslumbran mi incesante caminar. 


Francisco José Aguiar. 

San Carlos, Edo. Cojedes, 1985. Narrador, poeta y dramaturgo. Lcdo. en Educación. Mención Castellano y Literatura por la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora (UNELLEZ). Cursó el Taller de Formación Teatral que auspició la Compañía Nacional de Teatro (CNT) en el 2014. La Revista Memoralia publica el monólogo que se titula La Alcantarilla en el 2015.


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